Al encontrar a un viejo conocido, él me contó:

“Busqué determinado centro espiritista para frecuentar, asistir a las charlas y estudiar el Espiritismo. Deseaba, también, engranarme en los trabajos y ofrecer alguna colaboración.

Al confiar mi intención a un amigo, activo participante del movimiento espiritista en nuestra ciudad, así que yo le dije el nombre de la institución él me desanimo.

Justifico su opinión al comentar que se trataba de un centro radical, muy exigente, lleno de normas y disciplina rigurosa. Seguramente, afirmó, no me gustaría. No me adaptaría. Hay actitudes que, en la opinión de él, llegaban a ser falta de caridad. ¡Por ejemplo, cuando comienzan los trabajos, hasta cierran la puerta, imagine!.

Curioso para saber de lo que se trataba, me dirigí al tal “centro radical”.

Al entrar, cerca de la puerta principal, vi un cartel que prohíbe la entrada de personal con ropas inadecuadas, extravagantes, sensuales y otras.

Me dirigí a la recepcionista que me explicó cuales eran los trabajos de la institución. Me dio también un folleto del centro.

– Tome su pase allí, por favor, y diríjase al salón, completó muy educada.

Ellos nos aplican el pase cuando llegamos. Recibí el pase y después otra persona me ofreció un mensaje e indicó el lugar donde debería sentarme. Por orden, uno enseguida al otro.

Empezó a hablar con el compañero de mi lado, pero fui al instante interrumpido por la encargada del salón que me pidió silencio.

– Aquí no es permitido conversar en cuanto esperamos la charla. Por favor, lea el mensaje o el folleto que luego comenzaran los trabajos.

Observé al lado, todos estaban callados. Parecía un cementerio. Nadie hablaba con nadie. Pero el clima espiritual me parecía agradable. Era un silencio reparador. Fue lo que sentí.

En el horario de comenzar los trabajos cerraran la puerta de entrada, conforme advirtió mi amigo. Los trabadores fueron a una sala de pases y los demás se quedaron en el salón,.

Después de la preparación con la oración inicial, se inició la charla y vi que las personas prestaban atención. Expositor común, lenguaje natural y simple, pero con la correcta postura doctrinaria del día, por lo poco que yo conozco, es evidente.

Terminados los trabajos, pidieron que saliésemos en silencio por que las atenciones de la casa, entrevistas y pases espirituales, aún continuaban.

A pesar de haber rigor en la disciplina, no me pareció exagerado. Al final, somos adeptos de Kardec, un hombre absolutamente disciplinado y riguroso, de Chico Xavier y Emmanuel, el mentor que recomendó al médium que la disciplina era prioridad absoluta en cualquier trabajo.

Como cristianos, recordemos del pasaje de Jesús en que él censuraba a los fariseos, cuando Pedro, preocupado con el rigor de las palabras, temía que todos se fuesen. En tanto Jesús dijo, que ellos podían ir cuando quisiesen, y mismo él, Pedro, si desease podía ir con ellos. De Jesús, recordamos también que expulso a los vendedores, aún que, infelizmente, todos ellos hoy están de vuelta en los diferentes lugares, en la diferentes doctrinas.

Se dice en el Espiritismo que la cualidad es más importante de que la cantidad. En el tal centro que yo fui, pienso que ellos también creen eso, ya que son tan rigurosos.

El centro no estaba vacío. El público, para el tamaño de salón, era hasta razonable. Ocupaban de sesenta a setenta por ciento de las sillas. Sentados uno al lado del otro. Pero nada vi que desacreditase o algo que caracterizase como falta de caridad insinuada por mi amigo.

Con deseo de conocer mejor, volví a la semana siguiente y pregunte que otros beneficios el Centro me ofrecía además de la charla. La misma recepcionista repitió lo que ya había explicado en la reunión anterior y dijo que yo podría pasar a la entrevista. Me pareció buena oportunidad para preguntar sobre algunas cosas que para mí no quedaron muy claras. Me dio una ficha, me senté en el salón y aguardé mi oportunidad.

En la atención fraterna, nombre que se da a esas conversaciones en privado u orientación espiritual, pregunté a la entrevistadora:

– ¿Por qué tenemos que sentarnos uno al lado del otro y no en el lugar que más nos agrade?

Después de algunos preámbulos, explicó que es para que las personas puedan relajarse, meditar, leer, sin ser incomodadas por los que llegan después. Como todos van salir en el mismo horario, no hay diferencia. Si el que viene primero se sienta en el lado del pasillo, los otros lo incomodaran. Mejor sentarse el la primera silla libre y los otros en las que siguen.

Me pareció razonable.

– Y ¿Por qué cierran la puerta al iniciar la reunión? Fue mi pregunta siguiente.

– Para que los trabajadores también puedan asistir a la charla sin tener que quedarse atendiendo a los que llegan habitualmente atrasados, y solo quieren recibir el pase, y para que los retrasados no incomoden a los que son puntuales ni perturben el raciocinio del expositor. Existen los que imaginan que se vienen a última hora para el pase tendrán toda la atención que necesitan. Desconocen que la charla enseña y libera encarnados y desencarnados que conviven y tienen comportamientos conjuntos.

Después de la explicación, me pareció que es una forma de respetar al prójimo…

– Y ¿Por qué no se puede conversar, antes de comenzar la reunión propiamente dicha, bajito y discretamente?

– Porque así que entramos en el centro, los espíritus ya están cuidando de nosotros y también nos usan para ayudar a quien necesita más. Ellos trabajan el tiempo entero y no como nosotros, solo con horario marcado. Y la química y la manipulación de los fluidos es algo que aún desconocemos. Además, las conversaciones jamás serían sobre el Evangelio o la Doctrina y si sobre problemas que quedan del lado de afuera. La reunión espirita es una pausa en la correría del día a día. Es momento para serenarnos.

Nunca había pensado de esa forma, pero agradecí por la explicación.

En cuanto a las ropas, ni pregunté, porque entiendo que para cada lugar tenemos que usar la vestimenta apropiada. Y si hablamos de espíritus inferiores, tanto nosotros como los desencarnados, la sensualidad no nos ayuda a liberarnos del atraso. Es algo elemental y bien fácil de entender.

Como los rigores de los que hablo mi amigo no me incomodaron ni invalidaron el trabajo que ellos hacen, creo que ellos tienen el derecho de dirigir la casa conforme desean los responsables. Si en el movimiento espirita se dice que el dirigente es el guardián de la doctrina dentro del centro y que la causa es más importante que la casa, tiene sentido la forma como ellos administran la institución.

Después que salí de la entrevista, recordé del orador José Raúl Teixeira. Él pregona que no debemos traer al Centro Espirita los hábitos de la calle, pero llevar a la calle lo que aprendemos en el Centro Espirita. Solo así ayudaremos a la mejora de la sociedad.

He vuelto al centro, a pesar de lo radical, pues me siento bien en cuanto estoy dentro de sus cuatro paredes. Se respira disciplina y armonía y ya estoy hasta habituándome a las normas de la casa.

Como aprendí tanta cosa, me voy quedando por allí”.

Texto traducido por Maria Renee San Martin Gomes

patmos25@gmail.com

Publicado en la Rie_Noviembre_2006

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