Puede ser grande o pequeño. Son todos iguales.

En una agrupación espiritista cada persona tiene determinada función, de acuerdo al esquema de la casa y los trabajos que allí se realizan.

Como en toda organización, allí hay dirigentes y dirigidos, pero también los encargados de trabajos materiales y los de trabajos espirituales.

Entre los colaboradores hay los que son dóciles y los que son presumidos. Unos con quiénes es fácil de manejar, otros más complicados.  Hay los que están disponibles para cualquier trabajo y los que escogen lo que les gusta hacer. Creen que el Espiritismo es que necesita de ellos.

Cierta vez, conversábamos con un alumno de esas escuelas de evangelización y él nos decía: – Ahora que el curso esta por terminar, voy a dar solamente un día para la doctrina, porque tengo que cuidar también de mi vida personal. Al final, tengo familia y ella depende de mí.

Un argumento justo y claro. El único equívoco es lo de “dar” algo a la doctrina. Nada damos a ella. Ella es que nos da todo. La oportunidad de trabajar, de aprender, de crecer espiritualmente. ¡Y graciosamente! Si hubiésemos comprendido correctamente, “daríamos” siete días para la doctrina, todas las semanas. El día que nuestro amigo iba a dar era el de asistencia espiritual por la aplicación de los pases. Terminado el curso, él ahora sería pasista. Había se formado y no intentava más de estudiar. Sin embargo, estudiar es algo que el espiritista debe hacer permanentemente. Que fuesen, por lo menos, dos días. Uno para donarse y el otro para actualizarse en Espiritismo.

No se trata de posgraduación, pero de esmero incesante. Es notorio que el joven estudió el Espiritismo por algunos años, pero siquiera conoce la recomendación del Espíritu de Verdad, ESE, capítulo VI, item 5: “Espiritistas: améios, es el primer mandamiento; instruíos, es el segundo”. Como buen misero, iría al Centro una vez por semana, solamente. Y no olviden que para la Doctrina de los Espíritus, Espíritu Verdad es un seudónimo del propio Jesus Cristo. Basta leer los textos, con atención.

Creía ya saber todo lo que es necesario para ser espiritista. ¡Qué lamentable equívoco!  Eso ocurre porque los Centros Espiritistas aún no forman grupos conscientes, cohesionados y armoniosos, donde las personas se completan. Observen que en el curso o al final de los trabajos cada uno sale sin mirar por detrás. Se levanta de la silla y se marcha sin tener siquiera el cuidado de reponerla en su lugar.  Como en un restaurante cuando las personas pagan, salen y dejan a cargo del mesero el arreglo del salón. Hacen estrictamente lo que concerne a su función adentro de la casa. Y tenemos de considerar, también, las desarmonías entre compañeros que no se toleran, actitudes que dejan el grupo flaco y desunido.

Los que abren y cierran el centro, generalmente, son los mismos. Los que encienden y apagan las luces, la música y los ventiladores. Son ellos que van a los baños y comproban se están aseados y abastecidos, se hay vaciamientos…

El trabajador de la mediumnidad no se baja para recoger un clip del suelo. ¡Al final, es un médium! ¡Un privilegiado! Y el orador, entonces, ¡doctor en divulgación evangélico-doctrinaria! Ése es que no se rebaja en hacer tareas comunes. Es un experto en la interpretación de las lecciones de Jesucristo. No saben, sin embargo, que la humildad es la marca que adereza y realza a los hombres de verdadero valor. No se recuerdan de ofertar un quilo de alimento para los pobres. ¡Al final, ellos ya ofrecen sus dotes espirituales a los necesitados!

Noten que no hablamos en costas de mantenimiento. Raramente alguien ofrece ayuda para los gastos de la casa. Y mismo cuando llamados a ayudar para hacer frente a las costas que ellos mismos producen (luz, agua, material para limpieza), se esquivan lo cuanto pueden. Necesitan ser recordados y cobrados. ¡Feliz el Centro Espiritista que tiene en su directoria los proveedores de la casa sin depender de los demás. ¡Es una bendición de Dios!

Si no estamos armonizados y formando la gavilla de varas preconizada por Kardec, seremos un Centro Espiritista débil y que poco ejemplo dará a los que participan de la casa. Una gavilla de varas significa un equipo cohesionado y homogéneo. Lo que no quiere decir varas idénticas, pero unidas entre sí, cada cual con una finalidad. 

A quien le gusta detalles, hay una historia de la gavilla de varas:

“Un labrador tenía una familia muy desunida. Después de intentar, sin éxito, reconciliar a los contendedores con palabras, pensó que sería más fácil conseguir por el ejemplo.

Así, llamó a los hijos y mandó que trajesen una gavilla de varas. Atendido, amarró fuertemente las varas todas reunidas y pidió a los muchachos que intentasen quebrar al medio la gavilla así lista. Por más que se esforzasen, uno de cada vez, los hijos del labrador no consiguieron hacer lo que el padre les pedía. Entonces, desamarrando la gavilla, el labrador distribuyó las varas sueltas entre todos, pidiendo que las partiesen. Eso naturalmente fue hecho por todos, con mucha facilidad.

El labrador les dijo entonces: – “Mis hijos, mientras permanezcan unidos como la gavilla de varas, enemigo alguno podrá destruirlos. Separados, cada cual será fácilmente derrotado.”

Es preciso que bajemos todos del pedestal de la fama ilusoria, de los puestos, de los cargos y de la seudo-sabiduría, para formar con nuestros compañeros del Centro un equipo donde el cristianismo sea la marca del grupo. Allí, el presidente debe ser igual a la limpiadora. Un grupo de lo cual Jesus pueda enorgullecerse y creer que realmente valió la pena su esfuerzo, que culminó con el suplicio del Gólgota. Que por lo menos allí, cada uno ame el prójimo como a sí mismo. Es muy triste si Él constata que no puede contar con nosotros y que su esfuerzo ha sido perdido. Que no sabemos aún cuidar a nosotros y, consecuentemente, no tenemos condiciones de ayudar nuestro semejante. Estemos atentos, porque la vida cobra la conducta del que no es vigilante.

En un Centro Espiritista no hay mayor o menor; no hay trabajo importante ni servicio secundario. Todos se entrelazan y para que la causa siga en frente es preciso que todo funcione en la más perfecta armonía. La higiene del Centro, que es tratada como trabajo de importancia secundaria, es fundamental para que los participantes hagan sus tareas sintiendose bien. Nadie mantiene el equilibrio en medio a la basura.

Antes de irnos a las marchas por la paz, implantemos la paz en nuestro Centro. Antes de participar de grandes encuentros nacionales e internacionales, busquemos nos encontrar con los compañeros de nuestra casa. Antes de rezar por la armonía entre árabes y judíos, armonizemonos con aquéllos con quien nos desentendemos y que son nuestros compañeros de tarea.  Es común no saber ni el nombre de ellos. El prenombre, quizá. Pero apellido y otros dados, difícilmente los compañeros conocen.

El título que usamos, adrede, es “Fijese en su Centro”. Haga la prueba. Observe el comportamiento de las personas. Pero observe, principalmente, el suyo y vea si no es hora de cambiar algo en la casa donde usted trabaja. Casi todos, incluyendo los dirigentes espiritistas, vivimos preocupados en llenar la casa para educar el prójimo. Lástima que no apliquemos en nosotros el correspondiente esfuerzo de renovación. Hablamos tan bonito y actuamos tan feo.

No olvide esta frase de sabiduría de autor no identificado:  “Cuando hablar, cuida para que tus palabras sean mejores de que tu silencio.” O como dice André Luiz: “Ve como vives; eres quizá el único Evangelio que tu hermano tiene para leer.”

¡Qué Dios nos bendiga y nos dé discernimiento!

Publicado en la Rie_Mayo_2007

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