A mis amigos hispánicos

Octávio C Serrano

La culpa no es mía, no es tuya
La culpa es del sol o de la luna,
Que puso en tu semblante un brillo intenso,
Un perfume de luz de sol poniente,
De una lluvia que invade hasta la mente,
Y que deja por el aire olor de incienso.

La culpa es de ese ojo que arrebata
Que hiere mucho más que una chivata
Como punta de lanza en desafío,
Que provoca, en relance, un treme-treme,
Haciendo cualquiera perder el timón
Y sentir, en su alma, escalofrío.

Es culpa de esa boca que se adereza
Que una bala rumía, mientras acecha
Lo que quiere, lo que oye y lo que siente,
Para después hacer demostraciones
Que no tienen sentido, son fulguraciones
Que escapan de esa boca, de repente.

La culpa es de ese porte loco y altivo,
Que expele por los poros abrasivos,
Que hieren al corazón, al allanarlo,
Porque él al saltar dentro del pecho,
Quiere controlarse y ve que no hay hecho,
Ya no domeña más sus intervalos.

Pero la culpa mayor de no haber calma,
No controlar las ansias de mi alma,
Se debe, sí, a una sutil carencia,
Que hace que se pierda hasta el dominio,
Que acaba por llevarnos al exterminio
De los sentidos, por falta de coherencia.

Anúncios